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Permanecer en México: estafas de alquiler en Tijuana apuntan a solicitantes de asilo

by Gustavo Solis
| March 10, 2020 11:42 AM

TIJUANA, México — Hans Vargas pasó meses trabajando en la construcción por 15 dólares al día para sacar a su familia de un refugio para migrantes en Tijuana.

Por alrededor de 100 dólares al mes, Vargas, su novia y sus dos hijos (de uno y dos años) vivían en la mitad de un departamento que contaba con una recámara, un baño y no tenía cocina. Lo único que los separaba de su vecino era una cortina delgada, lo que conducía a situaciones incómodas.

"Llegaba borracho en medio de la noche y traía a otras personas a la habitación", relató Vargas, de 21 años.

Pero al menos era un hogar. No esperaban ser desalojados sin causa menos de un mes después de mudarse.

Vargas dejó el apartamento cuando finalmente tocó el turno a su número de asilo de la lista de espera. Se presentaron en el puerto de entrada de EU en San Ysidro, pasaron tres días bajo custodia mientras esperaban ser procesados, ??y regresaron a México para esperar su audiencia en la corte de inmigración, de acuerdo con la política de Permanecer en México de la administración de Trump.

Durante esos tres días, mientras la familia de cuatro estaba detenida, su arrendador tiró toda la ropa que la familia había dejado y alquiló la mitad de la habitación a otra persona, según Helen Pérez, la novia de Vargas.

"No nos dio una razón", dijo. "Simplemente nos echó".

Lo que le sucedió a la familia Vargas es un ejemplo de una tendencia creciente que los empleados humanitarios están viendo en todo Tijuana: los migrantes desesperados por una vivienda se ven obligados a pagar altos alquileres por viviendas inadecuadas mientras son vulnerables a estafas y desalojos abruptos.

"Llevamos en esto alrededor de 32 años", mencionó el padre Pat Murphy de la Casa del Migrante. "Este es un problema nuevo".

Parte de ello es que el mercado de rentas de gama baja de Tijuana no está regulado, destacó Murphy.

Las personas convierten ilegalmente una habitación en dos o tres recámaras, construyen habitaciones independientes en sus patios traseros y encuentran nuevas formas de exprimir pesos a los migrantes.

"Al final, la gente está ganando dinero aprovechándose de los migrantes", puntualizó.

Uno de los mayores desafíos que han visto los trabajadores sociales es que los propietarios cobran el alquiler en dólares. Eso dificulta a las personas que se ganan la vida en pesos. También significa que los propietarios pueden exigir más dinero según el tipo de cambio. Por ejemplo, si el precio del peso cayó recientemente, se necesitarán más pesos para cubrir el alquiler.

Además de cobrar en dólares, la alta demanda de vivienda significa que los propietarios pueden cobrar altas rentas por viviendas de baja calidad, comentó la trabajadora social, Cecilia Ortiz.

"Hay un señor mayor que ha estado viviendo en un lugar sin electricidad ni agua durante dos meses", recalcó. "Dice que se siente cómodo, pero esa no es una situación ideal para vivir".

El hombre vive en una habitación independiente. Para que tenga electricidad, el propietario conecta un cable de extensión desde la casa principal a la habitación. Quien vive en la casa desconecta el cable de extensión por la noche, dejando al hombre en la oscuridad.

¿Su renta? Aproximadamente 50 dólares al mes, o aproximadamente una semana de trabajo para aquellos que ganan el salario mínimo de Tijuana de 10 dólares por día.

Ortiz trabaja desde una pequeña oficina dentro de Casa del Migrante. Al igual que el padre Pat, ella ha estado escuchando más historias de migrantes que son víctimas de estafas de alquileres y crecientes precios de alquiler que son inalcanzables para los migrantes.

Una estafa común, describió Ortiz, es un propietario que desaparece tan pronto como alguien le da un depósito. Otra involucraba a propietarios que acusan a los inquilinos de dañar la propiedad y piden miles de dólares para reparaciones.

En términos del aumento de los alquileres, Ortiz indicó que habitualmente ve habitaciones en mal estado ofrecidas por 300 dólares al mes o casas en vecindarios peligrosos que cuestan 800 dólares por mes.

El refugio permite que las personas permanezcan hasta 40 días, pero mientras tanto, el personal les ayuda a encontrar empleo, ahorrar dinero para los depósitos y los alimenta de forma gratuita. Normalmente, las personas encuentran vivienda antes de que pasen los 40 días.

Sin embargo, desde hace aproximadamente un mes, los migrantes que abandonaron el refugio comenzaron a regresar con historias de propietarios que huían con sus depósitos, familias desalojadas sin razón o personas que alquilan habitaciones en casas que no son de su propiedad.

“Pienso que esto podría ser el principio de personas que tratan de aprovecharse”, dijo Murphy.

Los migrantes que buscan asilo son particularmente vulnerables porque muchos de ellos huyen de países con gobiernos y agentes de policía corruptos. Entonces, incluso si se sintieran inclinados a presentar una queja formal, son reacios a hablar, agregó Murphy.

Aunque pueden no ser conscientes de ello, los migrantes tienen algunas protecciones legales.

La Constitución mexicana dicta que todos son iguales ante la ley, incluidas las personas de países diferentes, reveló el abogado con sede en Tijuana Luis Woo.

Cualquier persona que sea desalojada sin causa puede presentar una reclamación contra su arrendador en la corte, sin costo alguno. Además, incluso si no tienen un contrato de arrendamiento por escrito, la ley reconoce los acuerdos verbales si hay un testigo, expuso Woo.

Vargas no recurrió a la policía cuando su familia fue desalojada. Más bien, regresó a la Casa del Migrante.

Ser expulsado de su departamento fue especialmente difícil considerando lo que la familia había hecho para llegar allí en primer lugar.

Antes de asegurar este apartamento, la joven familia había pasado cuatro meses viviendo en el refugio Casa del Migrante de Tijuana mientras esperaba que tocara el turno a su número de la lista notoriamente lenta para solicitar asilo en los Estados Unidos.

Huyeron de Guatemala después de que una pandilla llamada Calle 18 (llamada así por la Calle 18 en Los Ángeles, donde se originó la pandilla) amenazó con matar a Vargas. Mostró las amenazas de muerte a la policía local, pero se negaron a investigar, por lo que decidieron ir al norte, confesó Vargas.

Después de salir de su casa, viajar a través de México con dos niños pequeños y vivir en un refugio, estaban felices de tener un lugar propio, aun cuando no fuera muy agradable.

Después de ser expulsados del departamento y regresar a la Casa del Migrante, Vargas y Pérez solicitaron la ayuda de Puente Tijuana, un grupo que ayuda a los migrantes y deportados a encontrar vivienda en Tijuana.

El grupo analiza los anuncios de vivienda para asegurarse de que no sean estafas. El grupo no puede hacer nada por los altos precios de alquiler, pero puede proteger a las familias de que alguien huya con su depósito, aseveró Benito Rodríguez, quien es parte del grupo y fue víctima de estafas.

"Cuando llegué aquí, me robaron", recordó. "Tratamos de evitar que otras personas pasen por lo que nosotros pasamos".

Rodríguez afirma que su propietario llamó a la policía municipal unos días después de que pagó un depósito y se mudó, y lo acusó de invasión de vivienda. La policía lo obligó a salir y no se presentaron cargos.

Rodríguez ayudó a Vargas y Pérez a encontrar una casa de tres habitaciones para compartir con otros migrantes que alguna vez vivieron en la Casa del Migrante. Por 70 dólares al mes, ocupan una sala de estar y comparten un baño con otros siete adultos y tres niños.

Pese a las condiciones de hacinamiento, a la familia le gusta. Los migrantes se cuidan unos a otros y se reúnen para comidas grupales.

La semana pasada, cenaron chilaquiles rojos.

"Nos tratamos como una familia", concluyó Vargas.

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